
Rosas mordidas.
Tallos, hojas
frescos, dulces
entrelazados.
Atrayéndose.
Repeliéndose.
Demasiada carga para abolir la ambigüedad.
Demasiado aliento para que quepa el afuera.
Demasiada pupila para que importe nada más.
Las puntas buscan
sinuosas y atrevidas.
Los tacos en el aire
reafirmándose en la cerámica
sólo lo suficiente.
Las piernas
furioso torbellino de poesía.
Las caderas
precipicio de sensaciones
retenidas sólo por la cadencia.
Los pechos
peligroso sostén
atrevimiento ante la suficiencia de la mirada.
Y las manos.
Manosmanosmanos.
Manos en alto
manos que rozan
manos que juegan
sedozas
con rosas.
Y ellas felices
mordidas
se entregan
al dos
y su perfecta
irracional simetría
encontrándose
en el medio del tablero
al que le patearon las fichas
aún antes de empezar.
Tallos, hojas
frescos, dulces
entrelazados.
Atrayéndose.
Repeliéndose.
Demasiada carga para abolir la ambigüedad.
Demasiado aliento para que quepa el afuera.
Demasiada pupila para que importe nada más.
Las puntas buscan
sinuosas y atrevidas.
Los tacos en el aire
reafirmándose en la cerámica
sólo lo suficiente.
Las piernas
furioso torbellino de poesía.
Las caderas
precipicio de sensaciones
retenidas sólo por la cadencia.
Los pechos
peligroso sostén
atrevimiento ante la suficiencia de la mirada.
Y las manos.
Manosmanosmanos.
Manos en alto
manos que rozan
manos que juegan
sedozas
con rosas.
Y ellas felices
mordidas
se entregan
al dos
y su perfecta
irracional simetría
encontrándose
en el medio del tablero
al que le patearon las fichas
aún antes de empezar.